Frederik Jan van den Berg nació en Gouda, Holanda, en 1973.  Cuando tenía doce años su familia se mudó a Indonesia, donde asistió al International School en Jakarta antes de mudarse a Singapur, donde cursó en el  United World College del Sudeste de Asia durante dos años. En 1991 vovió a Holanda a estudiar arte en la Royal Academy of Art and Design en s-Hertogenbosch. Después de graduarse en 1995, Frederik Jan van den Berg viajó regularmente entre Holanda y Buenos Aires, donde conoció quien sería su pareja, la fotógrafa argentina Bea Fresno. Finalmente en 2007 se establecieron en Rotterdam, donde desde entonces Van den Berg trabaja metódicamente el desarrollo de sus ideas y sus conceptos.

Neometría Van den Berg 

El trabajo de Frederik Jan van den Berg es tanto coherente como enigmático y tanto deliberado como el resultado del azar y de la experimentación. Las obras pueden subdividirse en un número de categorías formales, pero es más interesante ver su trabajo como un conjunto de expresiones diversas y variadas de las diferentes etapas de su vida, en las que usó los medios a su alcance.  Si bien su trabajo, sin duda, complementa cualquier espacio arquitectónico, su relación con la arquitectura no es explícita, se infiere, su trabajo es la representación de una arquitectura interior, un sistema de estructuras personales que involucran repetición y reiteración rítmica, pero también momentos de caos deliberado, en los que el artista revierte radicalmente el sistema habitual en búsqueda de un nuevo orden.

Los objetos parecen depender de principios geométricos confiables, a la vez que sugieren el deseo del artista de ignorar estos principios geométricos racionales “domésticos” que todos conocemos de grandes formas o espacios rectilíneos, el volumen o el vacío, el exterior o interior de una estructura, para hacer lugar a la mano impulsiva del artista.

 Las obras no surgen de edificios o espacios reales, la mayor parte de su trabajo se refiere a la forma/espacio más básica y sencilla: el cubo/habitación. Todas las piezas exponen la evidencia material del recogimiento y la meditación que lleva su creación, en términos de la dedicación necesaria durante la producción de las obras. Su trabajo tiene más en común con la pintura de íconos devocionales que con la representación de la arquitectura moderna.  Y aunque van den Berg no se siente limitado por  la geometría “sagrada” de los iconografos, sus trabajos confirman una fe personal tan devota como sincera.

El uso del color ha tenido una evolución permanente en la obra de van den Berg. En muchos de sus primeros trabajos el color estuvo determinado principalmente por la gama especifica en la que el material de base-la silicona de goma-estaba disponible.

El uso de esta silicona industrial fue una elección intelectual para aparejar la obra al espacio (industrial) para el cual estaba pensado.  El principio rector fue, durante ese periodo, que el trabajo estableciese  un diálogo con su entorno arquitectónico para acrecentar la percepción del espacio del observador. Como muchas de las piezas grandes eran puro material, los colores fueron  inevitablemente los que venían preparados (ready-made), se acercaban más a los tonos de los azulejos del baño y de la cocina que unos a otros. Gradualmente el material se abrió revelando otros colores en los espacios descubiertos, pinturas vibrantes en un severo contraste con los grises, marrones, jades, azules y beiges opacos de la silicona de goma.  La intensidad de estas pinturas, los tonos puros, introducen una cierta inmaterialidad en la obra que permite que los materiales pesados se vean suspendidos en el espacio, lo que enfatiza la tridimensionalidad de los trabajos y el uso más amplio del color.

Si el lenguaje necesario para describir la composición de las obras esta arraigado en la geometría, entonces la frase más adecuada para describir su contenido sería “geometría personal”: la creación propia, con las leyes auto impuestas que gobiernan al individuo,  y guían y forman al artista.

 Este trabajo invita a hacer comparaciones con el trabajo de otros artistas que pertenecen a la larga tradición de la geometría abstracta, de Malevich y Mondrian a Ad Reinhardt y Bridget Riley, Pero el trabajo de van den Berg no se refiere directamente a sus antecesores en este campo específico del arte.  Nunca fue su intención seguir una tradición establecida.  El origen de este trabajo geométrico abstracto se encuentra en el género y periodo en que van den Berg definió sus principios artísticos y su proceso creativo personal. Lo geométrico le ofreció el encuadre  perfecto porque le permite la descripción y manipulación de formas reconocibles sin el bagaje cultural que implican los objetos del mundo físico.

Esta pureza relativa de la representación le permitió a van den Berg evaluar su obra en términos fundamentales y sacar conclusiones sobre la estructura artística a la que adhiere en su trabajo.  Si bien su práctica artística tiene sus raíces en principios determinados, su obra evoluciona en varias direcciones simultáneas. Puso en práctica su método personal en una serie reciente sobre vehículos icónicos del siglo XX, enlazando las vertientes abstractas y figurativas de su trabajo. Estos vehículos, como las piezas geométricas, han sido también objeto de desviaciones sutiles, pero al ser reconocibles adquieren un sentido cultural  que le agrega sentido a las obras, en las que  la auto crítica compite con su apariencia pop. 

Como se estableció en un principio, se aprecia mejor la obra de van den Berg en su totalidad, lo que permite captar su fascinación con los espacios y volúmenes sugeridos en términos elementales, y si bien la tridimensionalidad de la obra llama la atención, a pesar de que a veces esta no es más que una ilusión, las superficies pintadas nunca forman parte de esta ilusión.  La obra nunca se convierte en un vehículo invisible que hace lugar a un efecto óptico, que esconde la mano del artista para aparecer como un producto mecánico.    Nos recuerda constantemente que lo que vemos no es la descripción del espacio o una representación.  Lo que vemos es una pintura autónoma, al margen de su factura material, en la que cada pincelada o estría en la silicona revela una historia humana particular, el gesto artístico encarnado en una investigación geométrica o una representación abstracta.  A esta distancia la representación es irrelevante, queda subordinada a la apreciación del acto físico de pintar. 

Mike Ritchie

Traducción: Alina Tortosa